Una nueva vida
Ernesto era un joven arequipeño que tenia muchas metas por delante a sus corto 18 años decidió viajar y salir fuera de su ciudad natal en busca de nuevas oportunidades y vencer nueva s adversidades.
A él
le gustaba los retos, conocer nueva gente, y así fue como un día se le presentó
una gran oportunidad de trabajo fuera de la ciudad, días atrás Ernesto Fuentes
acababa de cumplir los 18 años y decidió irse con su primo Antonio a
trabajar en una empresa minera donde se
sometía a un trabajo que requería de mucha voluntad y responsabilidad.
Estaba
emocionado, entusiasmado y a la vez un tanto nervioso por todo lo que le
esperaba en aquel mágico lugar de cuál no tenía ni una mínima idea de cómo
era.
Los
primeros rayos de sol daba la bienvenida a un nuevo día, el primer día de
trabajo le dieron el uniforme que usaría incluía un casco, un par de botas, un
mameluco, una linterna y demás herramientas le dieron indicaciones de todo lo que tenía que hacer, sería acompañante de
los topógrafos, el tercero para ser
precisos y por cierto Ernesto era el más
jovencito de todos los trabajadores de SVS, dicha empresa estaba conformada por una gran
mayoría de ingenieros, todos eran varones,
excepto las dos cocineras del lugar.
En ese
entonces todo le pareció muy nuevo y
algo raro pero al pasar los días se fue acostumbrando, comenzó a convivir más con la gente del lugar y sobre
todo con sus dos compañeros de trabajo.
Por
las mañanas de despertaba muy temprano
se daba un baño con agua helada para que el sueño y la pereza de le vaya
por completo, luego de ello se cambiaba con el uniforme para ir a
desayunar y así a las 8am entrar al trabajo, cuatro horas después era el
almuerzo y a la una de la tarde volvía al trabajo hasta las 4 pm. En las horas
restantes de la tarde la pasaba con sus nuevos amigos jugando fútbol o
simplemente charlando, los días siguientes eran similares durante un mes.
Un día
como cualquier otro entró a la mina junto con uno de sus compañeros llamado
Luis para inspeccionar que todo vaya bien, fue grande su sorpresa al verse en
esa difícil situación, no habían sido informados de que minutos antes los trabajadores
habían realizado explosiones dentro de la mina y esta no se encontraba apta.
El
olor de los explosivos eran tan fuertes, tanto que les hizo perder el conocimiento,
en ese momento al tratar de salir del lugar, dio un mal paso y cayó al abismo.
Lo que
se supo después fue terrible, ya que Ernesto recobró la conciencia y se dio
cuenta que se encontraba en un lugar totalmente silencioso y desconocido ya que
cuando abrió sus ojos no lograba ver absolutamente nada, todo a su alrededor
era negro, se dio cuenta que sólo
llevaba una bota y su otro pie se encontraba descalzo se tocó el cuerpo y toda su ropa estaba
completamente mojada, sentía que estaba bañado en lodo y que todo su cuerpo
estaba destrozado en mil pedazos Le dolía todo, con duras penas logró arrastrarse y gritar todo lo que pudo para
pedir ayuda y ser auxiliado. Al pasar los minutos se le iban las esperanzas,
nadie le escuchaba, sentía mucho miedo y ya no sabía qué hacer, todo a su
alrededor comenzó a aclararse y pudo ver un poco, a lo lejos escuchó unas voces
y entonces volvió a gritar con todas las
fuerzas que le quedaban, para su suerte
las voces se escuchaban más cercanas y
así luego de un largo tiempo logró ser rescatado, ya los trabajadores se habían
enterado de tal suceso y acudieron a
auxiliarlo quedándose impactados al verlo completamente bañado en sangre, lo llevaron de emergencia
al hospital del pueblo más cercano del lugar.
Luego
de unos días despertó en la clínica de Arequipa, luego de haberse sometido a
varias operaciones, se había roto la cabeza, la nariz y un par de costillas, lo que le llevo a estar internado por un buen
tiempo.
Fue un milagro al haber sobrevivido a tal
terrorífico accidente, y una gran pena enterarse de que su compañero y amigo
Luis no haya corrido con la misma suerte, encontrando la muerte en aquel accidente.
Al pasar el tiempo fue superando aquel duro episodio triste de su vida y decidió comenzar una nueva vida.

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